¿Te ha ocurrido que llevas horas estudiando y que al finalizar quedas con la sensación de que lo aprendido fue muy poco para el tiempo que dedicaste?, ¿Sientes que al leer algunas materias, lo que recuerdas cuando terminas es muy poco?
Existen una serie de elementos involucrados en la calidad y la curva de aprendizaje de las personas: método, hábitos, factores contextuales y personales. Dentro de estos últimos, la motivación personal, es decir, aquel estado interno que te impulsa a realizar determinadas cosas, el por qué estás realizando alguna actividad, es uno de los que más incidencia tiene en la calidad del estudio.
Probablemente muchos de ustedes, en este momento se están preparando con un objetivo claro y pensando en alcanzar una meta determinada. Si tú eres de aquellos que aún no saben para qué dedicar horas de estudio y de preparación para unas pruebas, es este el momento que te preguntes ¿qué es lo que realmente quieres lograr?.
El tener un objetivo y una meta clara es indispensable para mantenerse motivado y concentrado en lo que se está realizando. Es una forma de aprovechar el tiempo dedicado al estudio. Es importante que sepas que cada persona es distinta, por lo que cada uno tiene sus propios intereses y forma de acercarse al conocimiento. Lo que para unos es efectivo, puede que para otra persona no lo sea.
El tener una actitud y disposición positiva para aprender potenciará los procesos involucrados en la construcción y apropiación del conocimiento; esto hará que el tiempo que destines al estudio sea aprovechado de manera efectiva.
Existen investigaciones que indican que los seres humanos retenemos o aprendemos de acuerdo al sentido que otorgamos a una actifvidad. De este modo, la forma en que percibimos el mundo y el medio que utilizamos es determinante en el cómo y cuánto aprendemos.
Así se plantea que aprendemos:
10% de lo que leemos
20% de lo que oímos
30% de lo que vemos
50% de los que oímos y vemos
70% de lo que uno repite o dice
90% de lo que hacemos
Por ello es importante saber que si disponemos de todos los sentidos para aprender, podremos lograr una mejor apropiación del conocimiento. ¿Qué quiere decir esto? Que no sólo basta con leer, si no que deberíamos favorecer el aprendizaje, por ejemplo, repitiendo en voz alta lo que entendimos, con palabras propias y reforzando constantemente lo aprendido.
El aprendizaje que no es llevado a la práctica ni repasado, tenderá a diluirse. Es lo que se llama la Curva del Olvido. Se plantea que la mayor parte del olvido ocurre aproximadamente dentro de las 8 a 12 horas siguientes de vivida una experiencia de aprendizaje. Posteriormente la merma es menor. De ahí, la importancia de repasar planificadamente. El primer repaso debería realizarse dentro de las 8 a 12 horas siguientes al momento de haber realizado el estudio. El siguiente repaso debería ocurrir durante la semana siguiente, para hacer un último repaso a la tercera semana. Hay mucha verdad en el dicho “lo que no se usa se pierde”; de él se desprende la importancia consolidar el aprendizaje, a través de un repaso permanente.