Faltan pocos meses para que te enfrentes a un desafío que probablemente percibes como uno de los mayores que te ha tocado salvar: La rendición de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), que en el imaginario colectivo de los estudiantes constituye una instancia crucial para acceder a la formación profesional universitaria, la clave para ser ¨alguien en la vida¨.
Nuestra sociedad otorga a la PSU una importancia fundamental en el futuro de los jóvenes, por lo que seguramente te sientes muy urgido y ansioso por obtener un buen resultado. Sin embargo, es importante que consideres que aunque se trata de un medio para lograr ciertos objetivos, no es la única ni última alternativa que tienes.
Durante este tiempo, muchos jóvenes como tú experimentan una angustia creciente, porque sienten que cada día que pasa es uno menos para enfrentar la prueba. De este modo, comienzan a desarrollar síntomas ansiosos y muchas veces depresivos, dada la gran presión que existe sobre ellos. Presión no solo de sus familias, colegios, amigos y de la sociedad en general, sino que muchas veces son los propios jóvenes quienes más se sobre exigen, lo que, en ocasiones, redunda, incluso, en el desarrollo de patologías psicológicas y síntomas somáticos, que pueden convertirse en un gran obstáculo en este último tramo de preparación de la PSU.
Si bien, cuando vivimos eventos importantes, una cuota de ansiedad o estrés permite que nos movilicemos en la consecución de ciertos objetivos, cuando este supera ciertos límites puede provocar un bloqueo a nivel de las funciones cognitivas, fundamentalmente de la atención y concentración, afectando el rendimiento. Por el contrario, si tu ansiedad está muy por debajo de los límites esperados, significa que estás muy relajado, poco activo, o incluso, que puedes haber ¨tirado la esponja¨, lo que tampoco es una actitud óptima para enfrentar este tipo de desafíos.
Por ello, te recomiendo situar la PSU en la dimensión que realmente tiene. En efecto, no se puede negar que es un medio importante a la hora de proyectarte en un futuro, sobre todo si el proyecto de vida al que aspiras implica la formación universitaria. Por otra parte, no es menos cierto que existe una multiplicidad de otras alternativas que también pueden conducirte a la realización y felicidad personal.
Recuerda que la prueba no es un fin en sí misma, sino un medio que te permitirá conseguir ciertos objetivos; por ello, lo más importante es tener claro qué es lo que quieres lograr; tener un norte claro, definir las opciones que se te presentan para alcanzar lo que deseas, y sobre todo, analizar qué estás haciendo y qué te falta hacer para lograr tus metas.
En este sentido, estar consciente de tu propio proceso de preparación, te ayudará no solo a disminuir el nivel de angustia, sino también a reconocer tus potencialidades y tus áreas más débiles, evaluar tus avances y así, organizar los meses que te quedan para dedicar más tiempo a reforzar aquellas materias que más te cuestan, y sobre la base de tu propia auto evaluación, forjarte expectativas realistas, respecto de tu propio desempeño, sin subvalorar ni sobreestimar tus posibilidades.
La PSU es un fenómeno que no solo te compromete a ti, sino que involucra a todo tu entorno próximo, y por ello, muchas veces el medio en que te desenvuelves se convierte en un contexto ansiógeno: la presión de tus padres, de tus amigos, del colegio, el continuo bombardeo publicitario con el mensaje ¨define tu futuro¨, te puede provocar un cuestionamiento de tu propia preparación y de tu posible rendimiento. Por ello, es importante que busques el apoyo de tus padres o de tu círculo más cercano, para que ellos puedan acompañarte en este proceso. Es recomendable que compartas con ellos tus proyectos, así como tus ansiedades, que les informes sobre tus progresos y dificultades en el proceso de preparación y tus expectativas reales de rendimiento. De este modo, se aflojará la presión, sentirás más empatía de parte de tu familia y lograrás, finalmente, su apoyo, para tu elección final.
Alejandra San Juan
Psicóloga